El formato que está reordenando la innovación.
El año pasado pasé varios meses en Frontier Tower, un edificio en pleno San Francisco donde cada piso está ocupado por founders de IA y blockchain. Ahí trabajé codo a codo con emprendedores del ecosistema: gente construyendo modelos, protocolos, agentes autónomos. También viví la experiencia de Infinita City en Roatán, otro espacio vertical donde el emprendimiento y la innovación son literalmente el motor del lugar.
Dos contextos muy distintos —uno en el corazón de Silicon Valley, otro en una isla del Caribe— pero con la misma lógica de fondo.
En los últimos años apareció un fenómeno nuevo: las pop-up cities. Zuzalu en Montenegro, Vitalia y Próspera en Honduras, Edge City, Crecimiento en Argentina, Frontier Tower en San Francisco. Espacios donde se concentra físicamente —por semanas, meses o de forma permanente— una masa crítica de founders, investigadores e inversionistas alrededor de una misión compartida.
La fórmula se repite: densidad más curaduría más propósito común. Saltos que en Zoom no ocurren.
Funciona porque el roce diario produce algo que ningún Zoom replica. Ves cómo otro está resolviendo un problema, te invitan a un demo, alguien te presenta a su inversionista, terminas co-fundando algo a las dos semanas. Lo viví en Frontier Tower y lo viví en Infinita.
La región no tiene su versión permanente.
Hay esfuerzos puntuales —Crecimiento en Patagonia, eventos en Ciudad de México, hackatones en São Paulo— pero ningún edificio permanente donde el ecosistema viva. Argentina, México y Brasil están avanzando rápido. Chile tiene una ventana corta para liderar.
Y resulta que tenemos el lugar perfecto para construirlo.
La Torre Villavicencio.
Hace pocas semanas, el Ministerio de las Culturas canceló la Fase 2 de la ampliación del GAM por recortes presupuestarios. La discusión pública quedó atrapada en si se hace o no una sala de espectáculos más.
Estamos haciendo la pregunta equivocada.
Al lado del GAM, la Torre Villavicencio —parte del antiguo complejo Diego Portales / UNCTAD III— lleva abandonada desde 2017. Edificio público, ubicación inmejorable en plena Alameda, sin uso definido hace casi una década. Le cuesta al Estado más de 130 millones de pesos al año solo en mantención básica.
No se trata de canibalizar la programación cultural del GAM, sino de darle un destino productivo a un activo público inmovilizado.
Y no partimos de cero. Chile ya tiene el CENIA —el Centro Nacional de Inteligencia Artificial— que articula a las principales universidades del país y lidera iniciativas como Latam-GPT, un modelo de lenguaje pensado desde y para la región. Lo que le falta a esa producción científica es un lugar físico donde se cruce con founders, capital y empresas. La Torre Villavicencio puede ser ese lugar.
Cinco capas en un mismo edificio.
Una versión chilena, permanente y soberana de Frontier Tower, enfocada en IA aplicada a Latam.
Centro de datos de IA soberano
Capacidad de cómputo en Chile, alimentada con energía renovable, para que startups, universidades y el Estado entrenen modelos sin depender 100% de hyperscalers extranjeros.
Incubadora curada
Foco en aplicaciones estratégicas: salud, minería, energía, agro, fintech, govtech. Mentoría densa, acceso al cómputo, red regional de inversionistas, conexión directa con CENIA y universidades.
Coworking de comunidad
Pisos accesibles para founders solos, equipos pequeños e investigadores independientes. La densidad es lo que produce los saltos.
Servicios de IA para empresas
Una unidad que ayude a la mediana y gran empresa chilena a adoptar IA: auditorías, pilotos, integración. Financia parte del modelo y acelera la digitalización del país.
Eventos abiertos al público
Cómo usar IA en tu negocio, cómo emprender desde cero con IA, estado del arte técnico, ética y regulación. Cada semana, abiertos. Que cualquier chileno entre un martes y salga sabiendo más.
Sin gastar un peso fiscal adicional.
El argumento del recorte presupuestario asume que esto compite por fondos públicos chilenos. No tiene por qué.
La categoría pop-up cities tiene capital privado activo buscando dónde anclar:
A eso se suman vehículos institucionales con presencia en Chile y Latam: CORFO, BID Lab, CAF. Un proyecto público-privado bien estructurado, con el Estado aportando el activo —la Torre Villavicencio— y capital privado aportando inversión y operación, es perfectamente viable.
No es un costo fiscal. Es un activo inmovilizado puesto a producir.
La geografía importa más, no menos.
Las pop-up cities demostraron que en la era de la IA, el lugar donde se construye importa más, no menos. La pregunta para Chile es concreta: ¿queremos ser consumidores de IA o un nodo donde se construye?
Las dos respuestas son legítimas. Pero solo una de las dos exige tomar una decisión hoy.